Rosa se queda mirando el celular. ¿Por qué le colgó? Peor aún, ¿por qué no va a ayudarla a recuperar a sus hijas? Si son de ella, ella las parió, les compró las cobijas, las arrulló cuando tuvieron fiebre, les compró comida. Y son suyas. "Por qué te las quitaron, Rosa?" "Eso mismo no entiendo yo." "No te preocupes, te vamos a ayudar. Ya sabes que mi marido es abogado." Claro que lo sabe, por eso recurrió a ella. No podría pagar un abogado. "Dime, ¿las dejabas solas?" "Y, si no, ¿cómo le iba a hacer para mantenerlas, si no tengo a nadie?" "Abandonar a un niño se considera maltrato, Rosa. Por eso te las quitaron." Ni modo de llevármelas a la casa de usted y tenerlas ahí todo el rato mientras hacía la limpieza. No le gustaría a usted, ¿verdad que no? Eso último lo omitió. Necesitaba su ayuda, ni modo de buscarle pleito. "¡Una tragedia social, eso es lo que es! ¡Cuántas madres mexicanas se ven en la necesidad de dejar a sus hijos encerrados para poder trabajar y mantenerlos!" "Yo conozco unas." "Quienes se llevaron a tus hijas fueron los del DIF, ¿verdad?" "Sí, eso me contó la vecina." Rosa quiere llorar muy fuerte, gritar por la ventana. ¡Con qué derecho, si son sus hijas! "Oye, mi marido es el que sabe de eso, pero dime, ¿qué decía la notificación que te dejaron? Le habrán dejado ese papel a la vecina." "No dejaron ningún papel." "¡¿No?! ¡Entonces no te preocupes! No soy abogada, pero si se las llevaron así nomas, sin dejarte una notificación, cometieron un error de procedimiento, y todo va para atrás. ¡Las vas a recuperar!" "Sí, ¡¿usted de veras cree?!" "Sólo si estás segura de que no te dejaron nada." "Segura. Nomas las desamarraron y se las llevaron." "¿Cómo? ¿Qué desamarraron?" "Pues a ellas, las niñas." "¡Qué! ¡Repite lo que dijiste!" ¿Lo de que se las llevaron o lo de la cuerda?" "¿Las tenías amarradas?!" "Sólo mientras no estaba." "O sea, ¡¿toda la mañana?!" "Sí, como hasta eso de las seis de la tarde. ¡Eres un monstruo, rosa, eso eres! ¡Ojalá que nunca las vuelvas a ver!" "Oiga' ¿y eso del papel que no me dieron? ¿Sí me va a ayudar?" La señora cortó la llamada. Rosa no entiende por qué. Si le hubiera contado que antes andaban sueltas, pero que un día rompieron el retrato que le dio su mamá poco antes de morir, y entonces les tuvo que amarrar el tobillo a la pata de la cama, seguro habría entendido. Pero no, no le dio tiempo, porque le colgó el celular. ¿Ahora cómo recuperar a sus dos hijas, que son de ella?
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Imagen cada vez más recurrente y tristísima de nuestra realidad nacional. ¿Sólo culpables los padres ó la Madre? -No lo creo en absoluto-
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¡Gracias Cecilia por recordarnos lo que otros no desean ver!